segunda-feira, 27 de julho de 2026

EL FÚTBOL: ¿EL NUEVO PATRIOTISMO DE NUESTROS TIEMPOS?

 



Sabemos que antropológicamente,  los seres humanos somos animales sociales, es decir, seres gregarios por naturaleza. Vivimos en sociedad y evolucionamos a través de las interacciones humanas.

Como siempre vivimos en sociedad, progresamos con el concepto de nación, es decir, un conjunto de personas viviendo en un territorio, con una cultura común, un lenguaje común, una historia común. Este concepto de nación se fortalece a través del tiempo cuando se reviste de algunos elementos que le dan soporte a su propia esencia:  un vínculo afectivo y cultural que se manifiesta en el respeto a la historia, a los símbolos patrios y al servicio a la comunidad.

A lo largo de la historia, este sentimiento se ha consolidado mediante el culto a los héroes, a esas figuras míticas y legendarias que encarnaron el valor, el coraje, la lealtad y el sacrificio, es decir, los valores supremos de una nación.

Con el fenómeno de la globalización y la interrelación cultural entre las naciones del mundo, esos valores de nacionalización están cambiando radicalmente en casi todos los países del mundo.

A pesar de intentar mantener esos valores, las naciones encuentran cada vez más dificultades para mantener intactas sus tradiciones y la veneración por sus figuras emblemáticas que las distinguen de los demás.

En el siglo XXI, más que nunca nos hemos encontrado con un fenómeno que calificaríamos como “fenómeno antropológico”: el deporte, y en especial el fútbol, que, al parecer, está sustituyendo increíblemente a los símbolos tradicionales de antaño.

¿Es el fútbol el nuevo sustituto de los símbolos nacionales? No lo sé a ciencia cierta, pero que despierta una especie de patriotismo disimulado, parece ser un hecho consumado. El fenómeno es global en este gran evento mundial de ese deporte.

Viendo imágenes de millones de aficionados enarbolando las banderas de sus países, con sus colores, vistiendo la camiseta de sus seleccionados y entonando himnos patrióticos, es natural pensar que el fútbol sí, está sustituyendo a los símbolos nacionales de los países.

Pero, ¿qué es lo más peligroso de todo esto?

Sin dudas es el descontrol emocional que cada partido de fútbol provoca en los aficionados del mundo entero. Países que no se encuentran representados en el torneo deciden – o son casi forzados mentalmente – hinchar por otro país por innúmeras razones, entre ellas, también razones históricas. Es increíble la energía y vibración nacional de cada país durante este evento y es casi asustador cómo los pueblos del mundo entran en una vorágine de pasiones incontrolables y muchas veces violentas.

El fútbol parece ser el nuevo elemento de patriotismo. Pero, ¿cómo un deporte puede convertirse en el gozne sobre el cual gira el sentimiento nacional? Quizá los psicólogos y antropólogos deberán estudiar este fenómeno. Quizá el fútbol, como el deporte más popular del planeta, haya sido “secuestrado” en la imaginación popular y haya reemplazado a los grandes héroes que dieron sus vidas por la defensa de sus naciones.

Es algo que me llama poderosamente la atención. Pero, por sobre todo puedo destacar que, cuando sacamos al deporte de su verdadera misión – que es la competitividad saludable y armónica entre los que lo practican – y lo colocamos en un pedestal que no le corresponde, como es el de ser nuevos tótems de la historia de una nación, entonces estamos yendo hacia un terreno terriblemente peligroso.

 

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